miércoles, 9 de septiembre de 2015
martes, 4 de agosto de 2015
jueves, 19 de marzo de 2015
La muerte del "Gusano"
El pequeño Juan tenía 10 años y como otros niños de su edad
era muy curioso.
Él había estado oyendo a los mayores hablar acerca del
noviazgo y se preguntaba como sería eso. Un día le preguntó a su madre, quien
impresionada no supo responder, pero le dijo que una noche se escondiera detrás
de las cortinas de la sala y observara a su hermana mayor con su novio.
A la mañana siguiente Juan le narró todo lo visto a su
madre. Mi hermana y su novio se sentaron y hablaron un rato, entonces el apagó
las luces y empezó a abrazarla y a besarla. Yo pensé que ella estaba
enfermando, porque su cara se estaba poniendo rara. Su novio debió pensar lo
mismo porque le puso la mano dentro de la blusa para sentirle el corazón. Yo
pensé que él también estaba enfermo porque hubo un momento en que se quedaron
sin respiración. Él debía sentir frío en su mano derecha porque se la puso
debajo de la falda de mi hermana, entonces ella empeoró ya que ella se
deslizaba por todo el sofá, tenían fiebre, yo sé que era fiebre porque ella le
decía que se sentía caliente.
Al momento descubrí la causa de la enfermedad, era un enorme
gusano que se le había metido al novio dentro del pantalón. Él lo agarró con la
mano para que no se escapara, cuando mi hermana lo vio se asustó mucho; sus
ojos se agrandaron y dijo que era el más grande que había visto. Ella se
enfureció y trató de matar al gusano arrancándole la cabeza a mordiscos, de
golpe, ella hizo un sonido raro y dejó caer el gusano, me imagino que la
mordió, entonces lo agarró con las dos manos mientras el novio sacaba un tubito
de goma de una cajita y se lo puso sobre la cabeza al gusano para que no
mordiera a mi hermana. Ella se recostó y abrió las piernas de modo que pudiera
hacerle una llave de tijera, el novio le ayudó a aprisionar al gusano y éste
formó una pelea del demonio. Ella empezó a brincar y a gritar como loca con su
novio, por poco rompen el sofá. Me imagino que iban a matar al gusano
aplastándolo entre los dos, después de un rato dejaron de moverse y dieron un
suspiro. Él se levantó, estaban seguros de haber matado al gusano, yo supe que
estaba muerto porque colgaba inmóvil y parte de las entrañas le salían por la
cabeza.
Mi hermana y su novio estaban cansados por la pelea,
entonces para descansar se acariciaron, pero el gusano no estaba muerto, estaba
vivo, brincó y se quedó derechito. Entonces empezó otra vez la pelea, yo creo
que los gusanos tienen siete vidas como los gatos. Esta vez, mi hermana trató
de matar al gusano sentándose encima, después de varios minutos de lucha
pudieron matarlo, esta vez sí estaba muerto, porqué el novio de mi hermana le arrancó
el pellejo y lo echó en el inodoro.
miércoles, 18 de marzo de 2015
Cuando empecé a amarme a mí mismo
Charles Chaplin
Cuando empecé a amarme a mí mismo,
comprendí cuánto puedo ofender a alguien al tratar de forzar
mis deseos en esa persona,
aún sabiendo que el momento no era apropiado y que la
persona no estaba lista para ello,
incluso cuando esa persona fui yo mismo.
Hoy lo llamo: RESPETO.
Cuando empecé a amarme a mí mismo,
dejé de añorar una vida diferente,
y pude ver que todo lo que me rodeaba estaba invitándome a
crecer.
Hoy lo llamo: MADUREZ.
Cuando empecé a amarme a mí mismo,
comprendí que en cualquier circunstancia;
estoy en el lugar correcto en el momento adecuado,
y que todo sucede exactamente en el momento correcto,
entonces puedo estar tranquilo.
Hoy lo llamo: CONFIANZA EN MI MISMO.
Cuando empecé a amarme a mi mismo,
dejé de robar mi propio tiempo,
y dejé de diseñar enormes proyectos para el futuro.
Hoy solo hago aquello que me entrega dicha y felicidad,
cosas que amo hacer y que hacen sonreír a mi corazón,
y las hago a mi manera y a mi propio ritmo.
Hoy lo llamo: SIMPLICIDAD.
Cuando empecé a amarme a mí mismo,
me liberé de todo lo que no es bueno para mi salud
-alimentos, personas, cosas, situaciones-
y todo lo que me alejaba de mí mismo.
Al principio llamé a esta actitud 'Sano Egoísmo'.
Hoy sé que es: AMOR PROPIO.
Cuando empecé a amarme a mí mismo,
renuncié a intentar tener siempre la razón,
y desde entonces me equivoco mucho menos.
Hoy he descubierto que es: MODESTIA.
Cuando empecé a amarme a mí mismo,
me rehusé a seguir viviendo en el pasado y preocupándome por
el futuro.
Ahora solo vivo el momento, donde TODO está sucediendo.
Hoy vivo cada día; día a día, y lo llamo: REALIZACIÓN.
Cuando empecé a amarme a mí mismo,
reconocí que mi mente puede molestarme y enfermarme.
Pero a medida que me conecté con mi corazón,
mi mente se convirtió en un valioso aliado.
Hoy llamo a esta conexión: SABIDURÍA DEL CORAZÓN.
Ya no necesitamos temer a los argumentos,
confrontaciones o cualquier otro tipo de problemas con
nosotros mismos u otros.
Incluso las estrellas chocan, y nuevos mundos nacen como
resultado.
Hoy sé que ESO ES LA VIDA
¿Cual es tu vaca?
La historia cuenta que un viejo maestro deseaba enseñar a
uno de sus discípulos por qué muchas personas viven atadas a una vida de
mediocridad y no logran superar los obstáculos que les impiden triunfar. No
obstante, para el maestro, la lección más importante que el joven discípulo
podía aprender era observar lo que sucede cuando finalmente nos liberamos de
aquellas ataduras y comenzamos a utilizar nuestro verdadero potencial.
Para impartir su lección al joven aprendiz, aquella tarde el
maestro había decidido visitar con él algunos de los lugares más pobres y
desolados de aquella provincia.
Después de caminar un largo rato encontraron la que
consideraron la más humilde de todas las viviendas.
Aquella casucha a medio derrumbarse, que se encontraba en la
parte más distante de aquel caserío, debía ser -sin duda- alguna la más pobre
de todas. Sus paredes milagrosamente se sostenían en pie, aunque amenazaban con
derribarse en cualquier momento; el improvisado techo dejaba filtrar el agua, y
la basura y los desperdicios que se acumulaban a su alrededor daban un aspecto
decrépito a la vivienda.
Sin embargo, lo más sorprendente de todo era que en aquella
casucha de 10 metros cuadrados pudiesen vivir ocho personas. El padre, la
madre, cuatro hijos y dos abuelos se las arreglaban para acomodarse en aquel
lugar.
Sus viejas vestiduras y sus cuerpos sucios y malolientes
eran prueba del estado de profunda miseria reinante.
Curiosamente, en medio de este estado de escasez y pobreza
total, esta familia contaba con una posesión poco común en tales
circunstancias: una vaca.
Una flacuchenta vaca que con la escasa leche que producía,
proveía a aquella familia con el poco alimento de algún valor nutricional. Pero
más importante aún, esta vaca era la única posesión material de algún valor con
que contaba aquella familia. Era lo único que los separaba de la miseria total.
Y allí, en medio de la basura y el desorden, pasaron la
noche el maestro y su novato discípulo. Al día siguiente, muy temprano y sin
despertar a nadie, los dos viajeros se dispusieron a continuar su camino.
Salieron de la morada y antes de emprender la marcha, el anciano maestro le
dijo a su discípulo: “Es hora de que aprendas la lección que has venido a
aprender”.
Sin que el joven pudiese hacer nada para evitarlo, el
anciano sacó una daga que llevaba en su bolsa y degolló la pobre vaca que se
encontraba atada a la puerta de la vivienda, ante los incrédulos ojos del
joven.
Maestro, dijo el joven: “¿Qué has hecho? ¿Qué lección es
ésta, que amerita dejar a esta familia en la ruina total? ¿Cómo has podido
matar esta pobre vaca, que representaba lo único que poseía esta familia?”
Haciendo caso omiso a los interrogantes del joven, el
anciano se dispuso a continuar la marcha, y maestro y discípulo partieron sin
poder saber qué suerte correría aquella familia ante la pérdida de su única
posesión.
Durante los siguientes días, una y otra vez, el joven era
confrontado por la nefasta idea de que, sin la vaca, aquella familia
seguramente moriría de hambre.
Un año más tarde, los dos hombres decidieron regresar
nuevamente por aquellos senderos a ver qué suerte había corrido aquella
familia. Buscaron la humilde posada nuevamente, pero en su lugar encontraron
una casa grande. Era obvio que la muerte de la vaca había sido un golpe demasiado
fuerte para aquella familia, quienes seguramente habían tenido que abandonar
aquel lugar y ahora, una nueva familia, con mayores posesiones, se había
adueñado de aquel lugar y había construido una mejor vivienda.
¿Adónde habrían ido a parar aquel hombre y sus hijos? ¿Qué
habría sucedido con ellos? Todo esto pasaba por la mente del joven discípulo
mientras que, vacilante, se debatía entre tocar a la puerta y averiguar por la
suerte de los antiguos moradores o continuar el viaje y evitar confirmar sus
peores sospechas.
Cuál sería su sorpresa cuando del interior de aquella casa
salió el hombre que un año atrás le diera morada en su vivienda. ¿Cómo es
posible? preguntó el joven. Hace un año en nuestro breve paso por aquí, fuimos
testigos de la profunda pobreza en que ustedes se encontraban. ¿Qué ocurrió
durante este año para que todo esto cambiara?
Ignorante del hecho de que el discípulo y su maestro habían
sido los causantes de la muerte de su vaca, el hombre relató cómo,
coincidencialmente, el mismo día de su partida, algún maleante, envidioso de su
vaca, había degollado salvajemente al animal.
El hombre continuó relatándole a los dos viajeros cómo su
primera reacción ante la muerte de la vaca había sido de desesperación y
angustia. Por mucho tiempo, la vaca había sido su única fuente de sustento. El
poseer esta vaca le había ganado el respeto de sus menos afortunados vecinos,
quienes envidiaban no contar con tan preciado bien.
Sin embargo, continuó el hombre, poco después de aquel
trágico día, decidimos que a menos que hiciéramos algo, muy probablemente,
nuestra propia supervivencia estaría en peligro. Así que decidimos limpiar algo
del terreno de la parte de atrás de la casucha, conseguimos algunas semillas y
decidimos sembrar vegetales y legumbres con los que pudiésemos alimentarnos.
Después de algún tiempo comenzamos a vender algunos de los
vegetales que sobraban y con este dinero compramos más semilla y comenzamos a
vender nuestros vegetales en el puesto del mercado. Así pudimos tener dinero
suficiente para comprar mejores vestimentas y arreglar nuestra casa. De esta
manera, poco a poco, este año nos ha traído una vida nueva.
El maestro, quien había permanecido en silencio, prestando
atención al fascinante relato del hombre, llamó al joven a un lado y en voz
baja le preguntó:
¿Tú crees que si esta familia aún tuviese su vaca, estaría
hoy donde ahora se encuentra?
Seguramente no, respondió el joven.
¿Si ves? Su vaca, fuera de ser su única posesión, era
también la cadena que los mantenía atados a una vida de mediocridad y miseria.
Al no contar más con la falsa seguridad que les proveía el
sentirse poseedores de algo, así no fuese más que una flacuchenta vaca,
debieron tomar la decisión de buscar algo más.
En otras palabras, la misma vaca que para sus vecinos era
una bendición, les había dado la sensación de poseer algo de valor y no estar
en la miseria total, cuando en realidad estaban viviendo en medio de la
miseria.
Así es cuando tienes poco. Lo poco que tienes se convierte
en un castigo, ya que no te permite buscar más. No eres feliz con ello, pero no
eres totalmente miserable. Estás frustrado con la vida que llevas, más no lo
suficiente como para querer cambiarla. ¿Ves lo trágico de esta situación?
Cuando tienes un trabajo que odias, que no suple tus necesidades
económicas mínimas y no te trae absolutamente ninguna satisfacción, es fácil
tomar la decisión de dejarlo y buscar uno mejor. No obstante, cuando tienes un
trabajo del cual no gustas, que suple tus necesidades básicas pero no te ofrece
la oportunidad de progresar; que te ofrece cierta comodidad pero no la calidad
de vida que verdaderamente deseas para ti y tu familia, es fácil conformarte
con lo poco que tienes.
Muchos de nosotros también tenemos vacas en nuestra vida.
Ideas, excusas y justificaciones que nos mantienen atados a la mediocridad,
dándonos un falso sentido de estar bien cuando frente a nosotros se encuentra
un mundo de oportunidades por descubrir. Oportunidades que sólo podremos
apreciar una vez hayamos matado nuestras vacas.
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