Sara Espejo
Rincón del Tibet
Muchas veces apostamos tanto por algo, especialmente por
alguien, que ante una decepción podemos sentir que la vida se nos va, pero
afortunadamente como la mayoría de las cosas que nos ocurren, resulta en solo
una lección y probablemente el mayor
favor que podamos recibir para ayudarnos a abrir los ojos y darnos cuenta de en
qué o quién hemos invertido nuestras energías y recursos.
La decepción viene a nuestras vidas cuando sentimos que las
cosas no resultan como esperábamos, y quizás es justo allí donde está la clave
de todo, en que esperamos mucho y esperamos desde lo que nosotros sentimos,
desde lo que nosotros haríamos en el lugar del otro. Pero la realidad es que
todos pensamos, sentimos y actuamos diferente, todos tenemos criterios propios,
creencias, crianzas, deseos y prioridades que no necesariamente tienen que
coincidir con lo que impulse las acciones de otro.
Evidentemente hay algo llamado sentido común, que nos habla
básicamente que en medio de una colectividad existen parámetros comunes en
cuanto a lógica, conveniencia y prudencia. Existen a su vez escalas de valores,
donde clasificamos acciones como positivas o negativas. Sin embargo, todo esto
puede volverse agua entre las manos cuando no se tiene el debido cuidado o no se
otorga la debida importancia en las acciones que pueden afectar a otro.
La decepción que produce un engaño, una mentira, una
ausencia, puede inclusive haber sido causada de manera involuntaria, bien sea
porque no se dio demasiada importancia al hecho, a la persona o a las
consecuencias y sus efectos dependerán de quien haya resultado desilusionado.
Por lo general se diferencian con claridad el antes y el
después de una decepción. Quien la ha recibido, pierde la confianza, recorta
los recursos a invertir, marca distancia, se coloca a la defensiva, pero
difícilmente la relación o interacción continua de la misma manera.
Es cierto quecada quien es responsable por lo que espera del otro, pero
es lógico (más no necesariamente sano), esperar lo que hemos sembrado o lo que
somos capaces de dar. El equilibrio y el cuidado son cosas importantes para
mantener una relación. Es por ello que debemos aprender en primera instancia a
esperar lo menos posible de los demás y a ver las señales que normalmente se
presentan previas a una decepción, sin necesidad de predisponernos.
Rescatemos siempre de cualquier situación que nos desencaja
el aprendizaje, de manera consciente, de esta forma evitaremos recibir la misma
lección en diferentes rostros.